26/4/07

La bonita historia del gnomito y la administración.

El gnomo fue dando saltitos hasta la siguiente seta. Llevaba en su manita de trapo un saquito de semillas que había recogido pacientemente durante todo el recorrido desde el agujero del árbol donde tenía su segunda residencia hasta el lugar donde se encontraba ahora. Sabía que si quería conseguir que se las aceptaran tenían que ser semillas de buen color, buena calidad y aspecto sano.
El troll levantó la vista de su vaso lleno de mocos y, con gesto indolente, observó las semillas que le mostraba el gnomo.
-"Deberías presentarlas en la seta roja"
¿La seta roja?, ¿dónde estaba la seta roja?. El troll volvió a bajar la mirada hacia su vaso de mocos y señaló sin ganas hacia un punto indefinido, más allá del próximo árbol.
EL gnomo, arrastrando los pies, echó a andar hacia allá. Iba pensando que esto sería más dificil de lo que pensaba, pero necesitaba que le aceptaran las semillas, aunque no tenía claro por qué. El caso es que llegada esta época del año, se veía obligado a repetir este proceso del cual lo único que sabía era que, si no lo hacía, las represalias no se harían esperar, recibiendo su castigo por no hacer lo que hacían todos los demás. En estos pensamientos estaba cuando se encontró ante la seta roja. Había una cola considerable de gnomitos, todos con su saquito de semillas en sus manitas de trapo. El troll, detrás de su escritorio y casi sin levantar la vista, examinaba cada saquito y, sin razón aparente, aceptaba unos y rechazaba otros, o, en otros casos decía:
-"Esto tienes que llevarlo a la seta amarilla"
¿La seta amarilla?... ningún problema: él venía de la seta amarilla, así que una de las posibilidades quedaba anulada. Ahora era importante que cuando le llegara el turno su saquito fuera aceptado, y pudiera olvidarse del asunto hasta la primavera siguiente.
La fila iba menguando lentamente y, al fín, le tocó el turno. Con la respiración contenida, abrió su manita de trapo y enseñó su saquito al troll de la seta roja. Éste pareció no mirar el contenido, y tras un momento de tensión, se limitó a decir:
-"¿No te lo han aceptado en la seta amarilla? ¡Huy!, entonces vas a tener que pasar por el helecho mediano, que está a la entrada del bosque."
¿El helecho mediano?... eso sonaba a problemas. Hasta entonces sólo había tenido que ir de seta en seta. De hecho, creía recordar que ésta era la quinta que le rechazaba; pero el "helecho mediano" era algo nuevo, y no parecía muy halagüeño.
Resignado, se encaminó hacia la entrada del bosque que, por cierto, estaba infestada de helechos, cada uno con su troll correspondiente...¿cual sería el helecho mediano?. Todos eran de medidas diferentes, y no había ningún cartel que indicara a cual debía dirigirse. Así que, tembloroso, se acercó a uno de ellos y preguntó dónde estaba el helecho mediano. El troll interpelado pareció ofenderse, y sin abrir los ojos y sin sacarse el dedo de la nariz ( de la que colgaba un espeso moco verde que él intentaba introducirse ), cogió aire, se levantó, y soltó un sonoro y maloliente pedo.
El gnomito no supo a qué atenerse. ¿Qué hacer?. ¿Esperaba una respuesta o entendía que esa había sido la respuesta definitiva?... Por otro lado, el hedor que había provocado el troll era bastante insoportable, así que, agarrando fuertemente su saquito de semillas, optó por probar suerte en el siguiente helecho. Pero esta vez decidió cambiar de táctica, y no preguntó: se limitó a entregar el saquito al troll que había detrás del escritorio, con gesto enérgico y decidido.
Ante su sorpresa, el troll recogió el saco, vació su contenido, lo guardó en un vasito de plástico y le hizo un recibo. Orgulloso de su audacia, el gnomito recogió el papel y echó a andar hacia su casa... pero aún no había dado tres pasitos cuando oyó una voz a su espaldita:
-"Tú, gnomo imbécil"
Se giró, asustado. El que le llamaba era el troll que le había dado el recibo.
-"¡Lee lo que pone ahí, que parecéis todos idiotas, joder! "
Notando como la angustia le subía desde el estomaguito hasta la gargantita, el gnomito leyó detenidamente:

Apreciado imbécil: sus semillas quedan confiscadas porque ha superado Vd el número de setas a las que se había de dirigir. Se le conmina, querido estúpido, a volver mañana con nuevas semillas. Tendrá Vd. que presentarse, estimado gilipollas, en la seta roja, con este papel sellado de antemano en la seta azul, y tres impresos rellenos que ha de recoger hoy mismo en las dependencias del lago, al otro lado del bosque.
Queda a su disposición, despreciable cenutrio,
El Troll mayor.Oficina de recaudación del bosque.

1 comentario:

C.M dijo...

Herodes: vuelve! Y cargate a todos los futuros funcionarios de ventanilla del mimisterio de hacienda, antes que crezcan y tengamos que quemarlos a todos en la plaza mayor. Mas que nada por la peste que hará.
Hijo de puta, hay que decirlo mas.

C